Es un tema que a los farmacéuticos nos resulta esencial.
Peroantes de hablar de Uso racional del medicamento, primero debemos hacer un análisis sobre la vigencia y aplicación de las leyes que rigen la comercialización o cualquier circuito que sigan los medicamentos. Ya sea a través de las farmacias, unidades sanitarias o de programas especiales que faciliten la accesibilidad del medicamento a la población.
Sin hacer un análisis crítico sobre este tema, creo que una nota sobre Uso Racional tendrá como único fin el alivio espiritual de los lectores.
Hoy las páginas policiales de los medios masivos han encontrado un mote para destacar los ilícitos que ocurren por la falta de aplicación de las leyes nacionales y provinciales y las resoluciones municipales.
Los medios hablan de «Mafia del medicamento» cuando destacan los sucesos policiales vinculados a este tema.
Existen cada vez más y mejores iniciativas interdisciplinarias para abordar la difusión y ejercicio del Uso Racional del medicamento, pero los profesionales sanitarios involucrados no pueden avanzar sobre este tema en relación con los pacientes y el resto de la sociedad, mientras las autoridades no garanticen el cabal cumplimiento de las leyes vigentes.
Podremos producir o participar en cualquiera de las excelentes campañas que surgen del sector público o privado, pero quedarán como documentos llenos de buenas intenciones mientras un vecino de la ciudad de Buenos Aires sea educado con campañas comerciales que lo convenzan que el medicamento es un producto de consumo libre que puede adquirir donde le plazca.
El tratamiento que se le ha dado al medicamento en los últimos años ha producido un cambio cultural de enorme magnitud en la sociedad.
La desacralización de los medicamentos a partir de la publicidad masiva en los medios de comunicación ha logrado que comencemos perdiendo el temor, luego el respeto y finalmente el valor del medicamento.
El medicamento que antes era considerado una preparación especial para afrontar eventos de salud, hoy es tratado en algunos medios y espacios como una mercancía más, sin valor social o sanitario.
Al convertirse en un bien regulado solamente por la oferta y la demanda, nosotros hemos dejado de ser pacientes para convertirnos en consumidores y por consiguiente, en sujetos de derecho como usuarios.
La clasificación “Medicamentos de venta libre” dejó de indicar cuando un medicamento puede adquirirse sin autorización del médico y se convirtió en una nueva y eficaz herramienta de marketing.
Ahora se trata de venta libre de medicamentos. Todos tenemos derecho a comprarlos y todos tenemos derecho a venderlos.
Al cesar en la aplicación de las leyes avaladas por legisladores y espcielistas, desaparece el control y se abren las grietas por donde entran los mercaderes de siempre haciendo su negocio.
Los mismos que se horrorizan por las muertes que produce el mercado negro del medicamento o la mafia que lo rodea, no relacionan la aparición de estos personajes con el incumplimiento de las leyes.
Creen que debatimos sobre quien tiene derecho o exclusividad para vender analgésivos o antiinflamatorios.
La cadena de comercialización del medicamento, establecida por ley, ha sido vulnerada y pagamos las consecuencias: cualquiera quiere vender aspirinas, cualquiera vende medicamentos de alto costo a las obras sociales.
Después de analizar lo que ocurre con nuestra leyes, abramos un debate sobre nuestro equipo de salud.
El trabajo con médicos y odontólogos nos permite diariamente brindarle un servicio más eficiente, eficaz e inclusivo a nuestros pacientes.
Debemos encontrar nuevas metodologías de trabajo y canales de comunicación para facilitar la terapéutica, para avanzar sobre nuestras diferencias, a veces comerciales y a veces profesionales, y para que el concepto Uso Racional del Medicamento, igual que Derechos Humanos o Educación Pública, se haga sentido común en nuestras vecinos.